Negligencias médicas más comunes

Negligencias médicas más comunes

Las negligencias médicas no son todas iguales. Algunas son más graves que otras, unas son más raras que otras, unas son más evidentes que otras, etc. A pesar de la diversidad de negligencias médicas, hay algunas que son más comunes que otras. Es decir, hay errores médicos que se cometen con cierta frecuencia, en contra de otros que se cometen con menor frecuencia. En estos casos, los errores frecuentes son más fáciles a la hora de decidir si hay o no una negligencia médica. Nosotros, por nuestra, parte hemos decidido enumerar algunas de las negligencias médicas más comunes.

 

1. Olvidos de material quirúrgico en el interior del cuerpo del paciente. Esta es una de las negligencias médicas más comunes, debida claramente a un error humano y un error más bien grande. Algunas veces quedan tijeras, otras veces quedan gasas y otras bisturís. En estos casos es fácil decidir que se está ante un caso de negligencia médica, ya que una radiografía pone de manifiesto la presencia de un cuerpo extraño en el interior de la víctima y olvidado por el cirujano.

 

2. Errores de diagnosis. Los errores de diagnosis suelen ser muy comunes. En estos casos, se diagnostica un mal erróneamente y se da un tratamiento erróneo. El paciente suele quejarse del mal una y otra vez, pero le hacen oídos sordos. Finalmente el mal se descubre, en el mejor de los casos, sin embargo el paciente queda con secuelas. En estos casos, los informes médicos arrojan luz sobre si se está ante un caso de negligencia o no. En los peores casos, se produce la muerte del paciente y es la autopsia la que podría ayudar a revelar si se produjo o no una negligencia médica.

 

3. Errores en el tratamiento o en la medicación. Otras de las negligencias médicas más comunes son las producidas por errores en el tratamiento o en la medicación, sea el error a la hora de elegir la medicación, sea a la hora de suministrar la dosis. En estos casos pueden producirse lesiones o incluso la muerte del paciente, de tal modo que son los informes médicos y/o la autopsia los que revelan si son casos de negligencias médicas o no.


Negligencias médicas.“Error y retraso en el diagnóstico. Resultado: Carcinoma de mama avanzado con metástasis por falta de petición de pruebas médicas protocolizadas en tiempo”.

La paciente acude a su ginecólogo habitual y especialista en Obstetricia y Ginecología, para enseñarle un pequeño quiste en el pecho. El facultativo diagnostica dicho bulto como una mama fibrosa, sin dar mas importancia, no indicando prueba de constatación a su diagnóstico alguna ni tratamiento para paliar dicho quiste. Dicha paciente se queda embarazada y a lo largo de las revisiones ginecológicas pertinentes, sigue indicando que el bulto tiene mayor tamaño y presenta dolor al tacto. El facultativo diagnostica ahora el bulto como una mastitis, también sin realizar ninguna mamografía ni prueba indicada y protocolizada en estos casos, recetando antibiótico.

Paralelamente, después del parto, la actora se realiza una pruebas rutinarias indicadas por el médico de cabecera por presentar en los análisis post parto una alteración en los valores hepáticos. En la ecografía hepática no se presentaba ninguna alteración del mismo, pero los valores siguen alterados. Pasados 8 meses del parto, la paciente regresa a la consulta del ginecólogo para volver a incidir en el quiste, pero el médico está de vacaciones , por lo que la atiende otro de los facultativos, que al ver el quiste le prescribe de inmediato una mamografía a realizar en el centro radiológico, una punción citológica y los demás actos médicos prescritos para una caso como éste. El diagnóstico final en fecha 19/Junio/2007 es un carcinoma de mama de9 cm, ductal en fase III, con metástasis de hígado en cuadrante externo.

i)                  Naturaleza de la responsabilidad; Omisión. Presupuestos de la responsabilidad.

El Médico responde por no actuar conforme a las normas de su especialidad y por no poner a disposición del enfermo todos los medios de diagnóstico, tratamiento y curación existentes y, además, por no actuar con la diligencia, la prudencia y la pericia exigibles a un profesional de la Medicina. Ladiligencia exigida a un profesional sanitario viene conformada por la lex artis o culpa profesional. Este estándar, más estricto que el general del “buen padre de familia”, viene determinado por el conjunto de conocimientos científicos y técnicos que son conocidos, divulgados y aceptados por la profesión sanitaria y que conforman sus reglas de actuación frente a un paciente y su enfermedad.

Sentencias de 26 de marzo de 2004, 26 de mayo de 1986, 12 de julio de 1988, 17 de junio de 1989 y 7 y 12 de febrero de 1990, señalan que la obligación contractual o extra contractual del médico, no es la de obtener en todo caso la recuperación del enfermo, es decir, no es  una obligación de resultado, sino una obligación de medios, es decir, está obligado, no a curar al enfermo sino a proporcionarle todos los cuidados que requiera según el estado de la ciencia; además, en la conducta de los profesionales sanitarios queda, en general, descartada toda clase de responsabilidad más o menos objetiva, sin que opere la inversión de la carga de la prueba, estando, por tanto, a cargo del paciente la prueba de la relación o nexo de causalidad y la de la culpa, ya que a la relación material hemos de sumar el reproche culpabilístico, el cual puede manifestarse a través de la negligencia omisiva de la aplicación de un medio. Y así se ha estimado en aquellos casos en que se logró establecer un nexo causal entre el acto tachado de culpable o negligente o la omisión de los cuidados indicados y el resultado dañoso previsible y evitable, caso de las sentencias de 28 de diciembre de 1979, 28 de marzo de 1983 y 12 de febrero de 1990.

Atribuido al médico demandado un error de diagnóstico, éste viene constituido por el conjunto de actos médicos que tienen por finalidad constatar la naturaleza y trascendencia de la enfermedad que sufre el enfermo; de ahí que se considere ésta la primera actuación del médico, siendo también lo más importante, pues el tratamiento ulterior dependerá del diagnóstico previo. Para la exigencia de responsabilidad por un diagnóstico erróneo o equivocado, ha de partirse de sí el médico ha realizado o no todas las comprobaciones necesarias, atendido el estado de la ciencia médica en el momento, para emitir el diagnóstico; realizadas todas las comprobaciones necesarias, sólo el diagnóstico que presente un error de notoria gravedad o unas conclusiones absolutamente erróneas, puede servir de base para declarar su responsabilidad, al igual que en el supuesto de que no se hubieran practicado todas las comprobaciones o exámenes exigidos o exigibles.

Cabe calificar la conducta profesional del  ginecólogo  demandado como negligente, al no haber realizado todas las pruebas médicamente recomendadas para llegar a un diagnóstico correcto del padecimiento que presentaba su paciente, ya que una conducta adecuada a la “lex artis” exige la realización de todas las pruebas necesarias para emitir un diagnóstico que hubiese descartado sin duda la existencia de un carcinoma o, detectado éste, lo hubiera sido en un estadio precoz que hubiera permitido un tratamiento que llevase a la curación de la enferma o a un periodo mayor de supervivencia y por supuesto evitar el desarrollo de un cáncer metastático hepático.

ii)                La prescripción y la carga de la prueba de los elementos  de la responsabilidad.

La paciente tiene un año desde el fatal diagnóstico para interponer una demanda por daños al médico. La prescripción de la acción, debe basarse en entender que no se ha superado en este caso, el plazo de un año que se recoge en el articulo 142,5 de la Ley 30/92 para las reclamaciones de responsabilidad patrimonial.

La regla procesal y material en el ámbito de responsabilidad sanitaria es que no se produce una inversión de la carga de la prueba, ni de la causalidad ni de la negligencia, que en cambio sí que se da en otras actividades de riesgo. Ejem:la STS, 1.ª, de 4 de febrero de 2002: STS, 1.ª, de 20 de marzo de 2001.

 

Sería decisión del Tribunal, si la aparición de una metástasis hepática, con las correspondientes consecuencias de un mayor número de intervenciones y posible afectación en la supervivencia de la paciente, corresponde aplicar la teoría de los daños desproporcionados, la cual constituye una excepción a la regla procesal antes mencionada.

Según esta teoría, se presume la causalidad y la negligencia en el acto médico cuando se produce un daño impropio del acto concreto y que sin una conducta negligente no se habría producido. Los tipos de daños manifestados son totalmente desorbitados en relación con los riesgos propios de la actividad médica concreta. Ejem:La STS, 1.ª, de 19 de julio de 2001.

 

iii) Teoría de la pérdida de la oportunidad. Conjunto de graves deficiencias y actividad en grupo

 

La teoría de la pérdida de la oportunidad pretende indemnizar aquellos daños derivados de una omisión. Si se hubiera evitado aquella omisión, se dice, el daño no se habría materializado. En el caso a estudio la omisión de las pruebas técnicas, conduce probablemente a una metástasis, que de haberse realizado en tiempo, un tratamiento en tiempo no había permitido el desarrollo de dicha metástasis.

 

Los problemas de configuración de esta teoría;  la definición de omisión y  la acreditación de unos daños que son hipotéticos, dado que, verdaderamente, aquello que se indemnizan son oportunidades perdidas, en este caso serían la pérdida de oportunidad que se vincula con un error de diagnóstico y de tratamiento, por lo que nos preguntamos qué habría ocurrido si la conducta hubiera sido diligente ( estaría o no desarrollada la metástasis).

 

Respecto a la actuación de la comadrona y su posible implicación en la omisión y error de tratamiento, hemos de tener en cuenta que los servicios sanitarios suelen comprender un conjunto de actividades aparte del tratamiento concreto, como el diagnóstico y el seguimiento, las cuales, están compuestas por una pluralidad de actos que no son realizados por una única persona, sino que intervienen otro tipo de personal sanitario: la mayoría de las prestaciones médicas son llevadas a cabo más en grupo que de manera individual, en este caso el ginecólogo y la comadrona.

La paciente podría utilizar en este caso la teoría del conjunto de deficiencias con el fin de imputar al centro sanitario la responsabilidad cuando se ha acreditado que el daño se produjo por el acto sanitario. Es evidente que las condiciones particulares y personales del médico no eran las mas idóneas para realizar su trabajo.

Ahora bien, la responsabilidad de las Administraciones públicas tiene su base en: i)  el principio genérico de la tutela efectiva reconocida en  el Art. 24 CE ii) en el Art. 106.2 CE al disponer que los particulares tendrán derecho a ser indemnizados por toda lesión que sufran en cualquiera de sus bienes y derechos, salvo los casos de fuerza mayor, siempre que sea consecuencia del funcionamiento de los servicios públicos iii) en el artículo 139, apartados 1 y 2 de la Ley de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, y en los artículos 121 y 122 de la Ley de Expropiación Forzosa , que determinan el derecho de los particulares a ser indemnizados por el Estado de toda lesión que sufran siempre que sea consecuencia del funcionamiento normal o anormal de los servicios públicos, y el daño sea efectivo, evaluable económicamente e individualizado.

Para apreciar la existencia de responsabilidad patrimonial dela Administraciónson precisos los siguientes requisitos: i) La efectiva realidad del daño o perjuicio, evaluable económicamente e individualizado en relación a una persona o grupo de personas. ii) Que el daño o lesión patrimonial sufrida por el reclamante sea consecuencia del funcionamiento normal o anormal de los servicios públicos en una relación directa e inmediata de causa a efecto, sin intervención de elementos extraños que pudieran influir, alterando, el nexo causal. iii) Ausencia de fuerza mayor y

iv) Que el reclamante no tenga el deber jurídico de soportar el daño causado por su propia conducta.


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